Pardela Chica, un tesoro natural que necesita protección

Pardela Chica, un tesoro natural que necesita protección

Las Islas Canarias son un enclave de biodiversidad única, hogar de especies endémicas y migratorias que encuentran en este archipiélago un refugio vital. Una de estas joyas de la fauna canaria es la pardela chica (Puffinus baroli), un ave marina que, a pesar de su pequeño tamaño, juega un papel crucial en los ecosistemas marinos y costeros de las islas.



La pardela chica es un ave marina de la familia Procellariidae. Con una longitud de unos 25-30 cm y una envergadura alar de 58-67 cm, esta especie se caracteriza por su plumaje gris oscuro en el dorso y blanco en el vientre. Sus habilidades de vuelo son notables, permitiéndole realizar largas migraciones entre las zonas de alimentación y los lugares de anidación.

Estas aves se reproducen principalmente en las islas del Atlántico Norte, incluyendo Canarias, donde anidan en pequeñas colonias en acantilados y cuevas costeras. Su dieta se compone principalmente de pequeños peces y calamares, que capturan mediante zambullidas y vuelos rasantes sobre la superficie del mar.

Las primeras puestas ocurren en la segunda quincena de enero, y están compuestas por un solo huevo, de color blanco. En Canarias, los pollos abandonan el nido durante mayo y junio.

La pardela chica es una pieza clave en la dinámica de los ecosistemas marinos. Actúan como indicadores de la salud del océano, ya que su presencia y éxito reproductivo reflejan la abundancia y disponibilidad de recursos marinos. Además, contribuyen al ciclo de nutrientes al transportar biomasa marina a los ecosistemas terrestres a través de sus excrementos, lo que beneficia la vegetación local y, por ende, a otras especies que dependen de esos hábitats.

A pesar de su importancia, la pardela chica enfrenta numerosas amenazas que ponen en riesgo su supervivencia: depredadores, pesca accidental, contaminación lumínica, etc. Para este último factor podemos contribuir con un simple gesto: apagando las luces, o en su defecto, disminuyendo luces e intensidad de las mismas en zonas exteriores.

Las luces artificiales de la costa desorientan a las pardelas jóvenes durante sus primeros vuelos nocturnos, llevándolas a colisiones y fatales desorientaciones. La fisionomía de sus patas, adaptadas a la vida en el océano, les dificulta levantar el vuelo desde tierra, y quedan a expensas de depredadores o atropellos.

Si encuentras un ejemplar extraviado, recógelo con mucho cuidado (usa guantes o alguna prenda), colócalo en una caja de cartón perforada y ubícala en un lugar tranquilo. Llama al 112 o si estás en Tenerife, al 900 282 228, teléfono del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Cabildo Insular. No le des de comer ni de beber, es un ave marina.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Translate »